Financiación colectiva

El crecimiento de plataformas en línea de financiación colectiva (crowd funding) para costear diversas causas –desde proyectos creativos y programas educativos hasta nuevos negocios– mediante donativos y aportaciones de individuos o inversionistas es inminente. Hay incluso quienes aseguran que estos esquemas eventualmente sustituirán la función de los préstamos bancarios.

Ventajas

Una de las claras ventajas de estas plataformas, también llamadas de micromecenazgo, es su flexibilidad: el plazo para realizar la recaudación de fondos suele tener un límite, puede ser de días o meses y las comisiones suelen variar según el sitio. Además, muchas de las ideas solventadas a través de estas herramientas surgen de la experiencia de individuos que encuentran poco apoyo gubernamental, bancario y/o social en sus intentos de combinar el proyecto con su realidad de vida: ya sea que se trate de madres o padres solteros, artistas o autores emergentes, jóvenes emprendedores, microempresarios, filántropos, activistas; ésta puede resultar una vía muy eficiente para difundir una iniciativa en forma masiva y conseguir el capital necesario para realizarla.

Riesgos

Aunque estas plataformas se encuentran presentes desde hace años, en el sector financiero las normas y reglamentos que deberían regirlas no se han definido claramente y por lo tanto, muchas de las campañas de recaudación se llevan a cabo con poca o nula supervisión para reducir los riesgos asociados a las mismas. Entre los más frecuentemente considerados destacan:

  • Debido a que el donativo suele ser único, los beneficiarios deben estar capacitados para administrar los fondos recibidos en una sola exhibición durante un periodo de tiempo prolongado. Los usuarios que difunden sus proyectos suelen ser grandes creativos o tener buenas ideas pero no son necesariamente gente de negocios capacitada para llevar a cabo un plan sostenible y redituable.
  • La posibilidad de fraude debido a que los fondos se utilicen para una causa distinta de la difundida.
  • El alto porcentaje de iniciativas de “start-ups”y negocios de incubadora que resultan fallidos.
  • Las iniciativas publicadas en estas plataformas no cuentan con protección de propiedad intelectual. A la vez, resulta muy ambiguo determinar la acreditación de ideas y propuestas que se generan como parte de cada proyecto.
  • Los impuestos relacionados con comercio electrónico son también poco claros y es difícil determinar, por ejemplo, si los donativos provienen del extranjero qué legislación aplica sobre este tipo de recaudación.

La industria de la financiación colectiva requerirá de una regulación que reduzca al mínimo los riesgos anteriormente mencionados. Sin embargo, debe encontrarse un justo balance para evitar una regulación excesiva que restrinja los proyectos innovadores que este tipo de plataformas impulsan.

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