Ciclismo eficiente

Como es bien sabido, una de las medidas más efectivas para mermar las emisiones de carbono en centros urbanos densos es reducir el tráfico de automóviles. Algunas ciudades europeas tienen como objetivo lograr que sus zonas más céntricas se encuentren libres de coches, tal es el caso del centro de Oslo donde el gobierno local tiene como objetivo cerrar por completo el tráfico automovilístico en 2019. Dublín, Milán, Madrid o Bruselas también planean estrategias para transformar la movilidad de sus centros históricos. Fuera de Europa un ejemplo destacable es Kigali, la capital de Ruanda que introdujo una zona libre de coches en el distrito central de negocios.

Como es natural, en todas estas ciudades, a la par de dichas estrategias se abren nuevas posibilidades para el ciclismo. Mejorar el ciclismo urbano es también sinónimo de una mayor calidad de vida y reapropiación de los espacios céntricos de las ciudades. La prueba clara de ello es Copenhague, mundialmente famosa por sus bicicletas, que en los últimos años ha sido votada tanto “mejor ciudad para ciclistas” como “ciudad más habitable del mundo” lo cual deja ver que el factor “habitabilidad” se relaciona directamente con el énfasis puesto en el ciclismo y no en los automóviles.

 

Otras ciudades como Rotterdam han buscado medidas para hacer el ciclismo aún más accesible. Una de las estrategias implementadas en respuesta al crecimiento del tráfico de bicicletas aunado a las particulares condiciones climatológicas es el “semáforo verde para ciclistas” que consiste en la instalación de sensores de lluvia que disminuyen el tiempo medio de espera a 40 segundos. Con esta sencilla medida los ciclistas tienen preferencia sobre los coches mientras esperan el siga, y, además de que se mojan menos, se incentiva de manera efectiva su circulación sobre la de los automóviles.

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